Responsabilidades por prácticas irregulares en La Polar
Quienes debían gestionar, vigilar, auditar y regular a la empresa dejaron de hacer correctamente su trabajo.
11/06/2011 - 09:00
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EL RECONOCIMIENTO por parte de La Polar de una gran sobreestimación en el valor de sus activos, porque parte de sus cuentas por cobrar no serían recuperables, y en sus ingresos, porque los intereses devengados por esos créditos incobrables nunca se transformarían en pagos efectivos, deja en evidencia una actitud gravemente negligente de parte de diversos actores con responsabilidad en el buen manejo y adecuada información de sociedades que emiten instrumentos de inversión para el público.
La primera responsabilidad es de quienes idearon y mantuvieron un sistema de contabilización de operaciones que no reflejaba la realidad. Es probable que este sistema beneficiara a los ejecutivos responsables de las irregularidades, a costa del interés de los accionistas y acreedores de la empresa. En una empresa con la propiedad accionaria muy dispersa, como La Polar, aumenta el riesgo de que la administración privilegie sus intereses en desmedro de los dueños y acreedores.
Comparten la responsabilidad los directores, encargados de orientar y supervisar la gestión de la empresa. El retail deriva utilidades principalmente de la venta de productos y de la ganancia financiera por vender a crédito. En La Polar el rubro financiero era muy significativo, tal que no podría aducirse que pudiera pasar desapercibido al directorio. También es seria la falla de los auditores externos, cuya misión es certificar la calidad de las anotaciones contables que la plana ejecutiva presenta al directorio. Puede cuestionarse, asimismo, a las clasificadoras de riesgo, que sólo después del incidente variaron su clasificación de la compañía.
El sistema también entrega responsabilidades y atribuciones a los reguladores estatales, cuya función es fiscalizar que las empresas y sus directorios provean la información adecuada y veraz que permita al público inversionista adquirir acciones o títulos de deuda en la tranquilidad de que los estados financieros reflejan la verdad. Los valores contables que han sido corregidos se construyeron a lo largo de años, y que la sorpresa haya sido igual para el público y para las autoridades reguladoras habla de deficiencias de las capacidades existentes en el área de la tuición estatal sobre el mercado financiero.
El caso obliga a analizar si los intermediarios de valores han cumplido las regulaciones que los rigen o, en caso contrario, si éstas deben reformularse, por cuanto no es recomendable que aquel que tiene intereses en una sociedad anónima sea el mismo que recomienda al público sus títulos o informa la calidad de la deuda que emite. La opacidad en torno a los intereses de quienes daban servicios financieros a La Polar es responsabilidad de quienes fueron menos que transparentes y eventualmente de la autoridad reguladora.
Ante este caso, la inclinación natural de algunos será pedir nueva
s y más estrictas regulaciones, en circunstancias que todo indica que estaban todos los instrumentos para haber detectado y corregido la situación. Lo importante ahora es hacer valer las responsabilidades de quienes causaron el problema, dar apoyo y credibilidad a quienes ya están impulsando las correcciones y buscar los mecanismos concretos, creíbles y eficaces para dar al público inversionista la tranquilidad sobre la calidad de la información con que opera.
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