Para el padre Scheipers, algo "necesario" pero que provocó que, "sin perder el respeto formal", comenzase la "persecución silenciosa" de los sacerdotes católicos, sobre todo de los más modestos, como él, la infantería.
En el campo de concentración "no podían verse las cosas en términos de buenos y malos. Era un sistema perverso que volvía a los prisioneros unos contra otros". Los 'capos' de cada barrancón "eran prácticamente obligados a pegar palizas a los otros presos, y aunque muchos dejaban de pegar cuando no los veía ningún oficial, también los había que disfrutaban con ello".
No comments:
Post a Comment