Tuesday, October 19, 2010

Aquí y ahora

El gran Carnaval

FRANCISCO J. MARTÍNEZ
Hay demasiados paralelismos y casi 60 años de distancia entre una película y un hecho, ambos extraordinarios. Me estoy refiriendo a la genial película El gran Carnaval, de Billy Wilder, de 1951, y el rescate de los 33 mineros en Chile.

El genial largometraje, imprescindible en las aulas de Ciencias de la Información como ejemplo de lo que no debe ser esta profesión, relata cómo un periodista veterano venido a menos por el alcohol vuelve a la primera plana de su profesión gracias a una tragedia en pleno desierto. 
Un minero indio queda atrapado por una gran roca. Su afán por retornar al ojo del huracán de la actualidad hace que en medio de ningún sitio se monte el gran Carnaval: miles de personas, cientos de medios de comunicación esperan el rescate del minero. Incluso el periodista llega a alargar el éxito del rescate, simplemente por el afán de que la historia prosiga unos días más.
 Las bajezas humanas salen a flote de la mano de Billy Wilder y hoy la película todavía conserva su vigencia. Algo atroz, pero real.

En el caso de los mineros de Chile, una trágica historia de una mina perdida en mitad de la nada depara el mayor hallazgo de los últimos años y pone a Chile en el mapa para el resto de la humanidad. 
Pronto, el político de turno, el presidente chileno Sebastián Piñera, aprovecha, como lo hiciera el periodista de la película, su momento de gloria y se aposta en la boca de una mina que carecía de las más fundamentales normas de seguridad, pero que estaba activa desde hacía demasiado tiempo. 
Uno a uno fue abrazando a los mineros y a los rescatadores cuando salían de su infernal cautiverio a cientos de metros bajo tierra. 
Ha sido una jugada magistral frente a la opinión pública, pero detrás de esta pantalla está una industria, de las más pujantes del país sudamericano, que carece de las medidas de seguridad elementales. 
¿Dónde está el señor Piñera cuando se suceden los accidentes mortales en las minas de su país? 
¿Y cuándo hay que revisar las minas y éstas no cumplen con lo establecido en las leyes internacionales? 
Aquí no abraza a nadie. Ahora ha prometido que arreglará la situación. Veremos en qué quedan sus propósitos.

Por otra parte, llegan ahora las ofertas millonarias para que los mineros cuenten sus historias personales y, incluso, se ha dicho que se negociaron exclusivas cuando los mineros estaban encerrados y les llegaban los contratos por las sondas que les alimentaban. 
De nuevo los más bajos instintos humanos brotan a flor de piel en cuanto surge un hecho extraordinario. Hoy los 33 mineros de Chile son famosos en el mundo entero, pero todavía siguen en el anonimato cientos de miles de compañeros que día tras día se juegan la vida en las entrañas de la tierra para robarle pequeñas cantidades de minerales que acaban en el mercado internacional a través de multinacionales.
En definitiva, si Billy Wilder se levantara de su tumba, exclamaría: «El gran Carnaval». Sin duda.    

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