Hernán Cortés
Columnista
El crash final
La motivación de esta columna es la de aconsejar a los afiliados de
los fondos de pensiones que se cambien al fondo que tenga una menor
proporción de acciones.
Hernán Cortés
Hernán Cortés | Columnista | Diario Financiero Online
El crash final
Miércoles 24 de junio 2009
El desplome final de los precios de las acciones en Estados Unidos
está comenzando. Este crash hará que las acciones pierdan una parte
importante de su valor tanto en Estados Unidos como en los demás
países. De hecho, la motivación de esta columna es la de aconsejar a
los afiliados de los fondos de pensiones que se cambien al fondo que
tenga una menor proporción de acciones.
El índice S&P 500 aumentó 38,5% entre el 2 de marzo y el 12 de junio
de este año. Esta alza, de sí impresionante, no es única ni extraña.
En el gran crash de la bolsa de Estados Unidos entre 1929 y 1932 hubo
cuatro rebotes en que las acciones subieron más de 20%, y, sin
embargo, las acciones cayeron casi 90% desde su punto más alto en 1929
y su punto más bajo en 1932.
Lo importante es poder discernir si es sólo un rebote que interrumpe
transitoriamente la caída de las acciones o es un genuino aumento
dentro de un mercado al alza. Para ello, es necesario decodificar la
estructura de los precios de las acciones, Al hacerlo, el aumento de
marzo a junio es claramente un rebote, el cual al terminar conduce a
una fase de severa caída del precio de las acciones.
Esta última fase llevará al índice S&P 500 desde su actual nivel de
925 a un nivel de menos de 500 y con alta probabilidad, a 400. Esto
significa una caída desde los actuales niveles de entre 45% y 55%.
Más importante aún, la caída total de las acciones desde su nivel
máximo (1557 en octubre 1 de 2007), sería del orden del 70%-75%.
Sabemos que el grado de colapso de los precios de las acciones guarda
estrecha relación con el grado de colapso subsiguiente de la actividad
económica, con lo cual esta información nos indica que estamos en
presencia no de una simple recesión, cuyo final está próximo, sino de
una contracción económica mayor a nivel mundial.
Estoy consciente que la opinión aceptada por la mayoría de los
economista y otros expertos de que lo peor de la crisis ya ha pasado
se contradice con lo planteado aquí.
El rebote de los precios de las acciones en Estados Unidos y en el
resto del mundo ha generado hoy un creciente optimismo, llevando a un
consenso de que la crisis ha tocado fondo. Incluso, los así llamados
“gurúes del pesimismo”, el profesor Nouriel Roubini y el Premio Nobel
de Economía Paul Krugman, se manifestaron optimistas de que lo peor de
la crisis había pasado.
Esta opinión puede explicarse porque el rebote del precio de las
acciones fue significativamente alto -casi 40%, sin que haya claridad
entre los expertos de si éste es un rebote o un aumento genuino de más
largo plazo. O puede ser que la contundencia del rebote haya llevado a
una forma lineal de pensamiento: si ha subido tanto es porque seguirá
subiendo. Esto es muy común cuando se carece de una teoría definida
para estudiar los mercados financieros. Y está claro que los
economistas no tenemos una teoría adecuada para este fin.
Siempre he recordado el artículo de un destacado profesor de MIT,
líder en economía internacional y al cual le tengo especial cariño
desde nuestros tiempos de alumnos en la Universidad de Chicago. El
artículo se publicó en julio de 1998, después de 16 años de
crecimiento sostenido y en uno de los períodos más llenos de euforia y
optimismo respecto de la economía norteamericana.
El artículo dice textualmente: “Esta expansión económica durará para
siempre.” No dos o tres años. Para siempre.
Con los ojos de hoy, el artículo nos provoca incredulidad, pero en esa
época, no hubo una opinión que disintiera de la de este insigne
economista. La gran mayoría estaba también eufórica. Esta exuberancia
se racionalizó porque ésa era una Nueva Economía que no daba lugar a
las recesiones. “La economía norteamericana -continúa el artículo - no
verá una recesión por muchos, muchos años”. “No queremos una recesión,
no la necesitamos y, como tenemos las herramientas para seguir
impulsando la actual expansión, no tendremos recesión.” Meses después,
comenzó la caída de las bolsas y un año más tarde la recesión de 2001.
Tenemos aquí a un gran economista, que plantea una opinión totalmente
errada que va en contra de siglos de historia económica. ¿Cómo puede
ser? La explicación es que los economistas e incluso los grandes
economistas carecen de una teoría adecuada para estudiar los mercados
financieros y su relación con los quiebres de la actividad económica.
En consecuencia, se contagian con la euforia y la exuberancia
ambiental y plantean su opinión basada en este contagio. Algo parecido
ha sucedido en estos últimos meses.
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