Sólo en noviembre de 1959, ante una comisión del Congreso, Van Doren finalmente admitió que los productores del programa le habían dado con antelación no sólo las respuestas correctas, sino que lo instruían en cómo contestar de forma "entretenida": qué pausas hacer, cuándo saltarse ciertas partes para retormarlas después, dónde dudar, toda una verdadera pantomima del suspenso. Contó cómo lo convencieron con diversos argumentos, y que uno importante fue el que su éxito daría prestigio a la búsqueda del saber. De cierta forma, él estaba promoviendo la "vida intelectual".
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