Saturday, March 04, 2006


Existe una necesidad: aquél que ha de vincular debe poseer una teoría universal de las cosas, para estar en condiciones de encadenar al hombre, que de todas las cosas es, por así decir, el epílogo. En la especie humana es posible en verdad notar las especies de todas las demás cosas, sobre todo por vía proporcional o numérica; a modo de ejemplo, en efecto, algunos hombres se relacionan con los peces, otros a los pájaros, otros a las serpientes o reptiles, ya sea según el género, ya según la especie. (De vinculis in genere)

Las fuerzas que vinculan en perspectiva universal son Dios, el Demonio, el Alma, el Ser animado, la Naturaleza, la Suerte y Fortuna, en fin el Destino. Esta gran red de vínculos, que cubre el universo y no puede designarse con una única denominación, no liga bajo especie y sentido de cuerpo:: el cuerpo en efecto no sacude el sentido por sí, sino a través de un género de energía que reside en el cuerpo y del cuerpo procede. Es esta energía la que metafóricamente se designa como la mano que liga: y es ésta que, con varias preparaciones, se inclina y orienta a arrojar sus lazos (De vinculis in genere)

Esta es la fuerza que vinculando, como dicen los platónicos, adorna la mente con el orden de las ideas; colma el alma con la ordenada secuencia de las argumentaciones y con los discursos bien medidos; fecunda la naturaleza con variadas semillas; da forma a la materia con la infinita variedad de sus situaciones; vivifica, aplaca, acaricia, estimula toda realidad; y a toda realidad ordena, promueve a la vida, gobierna, alienta, inflama; y a toda realidad mueve y abre, y llena de luz, purifica, gratifica, lleva a plenitud (De vinculis in genere)

El artífice vincula con el arte; puesto que el arte es la belleza del artífice (De vinculis in genere)

Entre las cosas que tienen la capacidad de vincular, un mayor número, como es justo, vincula a los hombres y no a los brutos; un número mayor a los seres de ingenio más vivo que a aquellos más obtusos; ya que los primeros abundan en facultades y potencialidades más numerosas, tienen el ojo vuelto a más partes, circunstancias y paisajes, consiguientemente son atraídos por impulsos más numerosos (De vinculis in genere)

Sólo sabe vincular aquél que penetra la razón de todo; o al menos la naturaleza, disposición, inclinación, actitud, utilidad y objetivo de aquella realidad particular que debe vincularse (De vinculis in genere)

Hay alegría, y un cierto sabor de gloria en aquél que vincula; y tanto más grande, más intenso, cuanto más noble y meritorio y elevado sea el objeto del vínculo. Y en aquella alegría, en aquél sabor de gloria, hay ya una valencia del vínculo, que hace que quien vincula esté a su vez vinculado con que ha ligado. Los vencedores, exaltando a los objetos de sus vínculos ensalzan la propia victoria, engañándose a sí mismo, por no decir a los demás. (De vinculis in genere)

No sólo el bien vincula, sino también la simple opinión del bien. Y el vínculo siempre es inseparable de un cierto tipo de proporción y adecuación. Con frecuencia tienen más eficacia la fantasía y la opinión que la razón; porque actúa con más tirante energía que ésta. Y en verdad, muchos que aman fuera del contacto de la razón (lo cual no significa sin el impulso de una causa), están ciertamente vinculados, pero ignoran de dónde provenga el vínculo. (De vinculis in genere)

El vinculante no liga al vinculable fácilmente, como el líder no conquista fácilmente una ciudadela bien fortificada, si no le abre el paso un traidor que se encuentra dentro, un colaborador que de algún modo conspire o sujete o se preste a un acuerdo; así, en su específico terreno, Venus no vincula y no conquista fácilmente la ciudadela, cuando los vasos están vacíos, el espíritu inquieto, la ansiedad intranquila; mientras que abren la ciudadela los vasos llenos, el ánimo sereno, la mente tranquila, el cuerpo en reposo; y es después de haber estudiado la alternancia de estos guardias y sentinelas, que se debe osar rápidamente, atacar con fuerza, actuar con todos los medios, no conceder tregua. (De vinculis in genere)

Las puertas por las que el cazador de almas arroja sus vínculos son tres: la vista, el oído y la imaginación. Si logra abrirse un paso por estas tres puertas, vincula del modo más riguroso, enlaza con los lazos más estrechos. Penetra la puerta del oído armado de voz y de bella habla que es hija de la voz; penetra la puerta de la vista armado de forma y gesto y movimiento y figura adecuada; y la puerta de la imaginación, de la mente, de la razón, la pasa con el comportamiento y el arte. (De vinculis in genere)

Misterioso es aquello que vincula al amor y al odio o al desprecio más allá de cualquier operación racional (De vinculis in genere)

Teócrito reconduce al azar, a la fortuna, a un indefinido no sé qué, el amor y los otros sentimientos que ligan a los seres sueltos; pero habría pensado más rigurosamente si hubiera considerado y definido "oculto y determinado" a aquello que cualificó como "indefinido" porque no se le desvelaba; los sentimientos nacen en efecto, de un entramado estructural bien determinado dado por naturaleza e introducido por la fuerza del hábito (De vinculis in genere)

Para nosotros en realidad el amor, como cualquier otro sentimiento, es una forma muy efectiva del conocer; y lo es aunque el proceder discursivo y racional y argumentativo, por el cual sobre todo los hombres se dejan vincular, no está entre las formas primarias de conocimiento. En conclusión, quien quiere vincular debe convencerse de que la razón no tiene ni más ni mejores cartas para ligar. Lo que funciona es más bien un conocimiento que se proporciona al género (De vinculis in genere)

No es posible vincular consigo a alguien, si el vinculante no padece el mismo lazo. (De vinculis in genere)

Para vincular no es necesario vínculos reales, es decir aquellos que son así sustancialmente, cuanto vínculos aparentes, es decir vínculos de opinión: en efecto, la imaginación sin verdad puede vincular verdaderamente, poner las bridas de verdad al destinatario del vínculo por vía imaginaria. Por esto aunque no exista el infierno, la creencia imaginaria en el infierno sin fundamento de verdad produce verdadera un verdadero infierno: la imagen fantástica tiene su propia verdad, con la consecuencia que actúa realmente y realmente y poderosamente permanece atrapado quien se deja vincular, y el tormento infernal se hace eterno con la eternidad de la convicción de la fe. (De vinculis in genere)

Todos los vínculos o bien se remiten al vínculo del amor, o de él dependen o directamente consisten en él... El amor s el fundamento de todas las pasiones; quien nada ama, en efecto, no tiene motivo para temer, esperar, gloriarse, ensorbecerse, osar, despreciar, acusar, excusar y humillarse e infuriarse, turbarse en su mal de otras análogas maneras. (De vinculis in genere)

En todas las cosas reside una fuerza divina, el amor, padre, fuente, Anfitrite de los vínculos. No es por casualidad que Orfeo y Mercurio lo llaman el gran demonio, porque en verdad toda la sustancia y consistencia y -por usar un término difícil- hipóstasis de la realidad es una especie de vínculo. Y conseguiremos el nivel más alto y primario de la doctrina del vínculo cuando volvamos los ojos al orden del universo: aquí, por medio de este vínculo, las cosas superiores proveen a las inferiores, y las inferiores se vuelven a las superiores, los pares se asocian en mutuo vínculo, y se celebra en fin la perfección del universo en conformidad con la razón de su forma (De vinculis in genere)

El amor es el vínculo de los vínculos (De vinculis in genere)

No existe vínculo puramente natural o puramente voluntario -en el sentido en que el vulgo distingue entre naturaleza y voluntad. La voluntad de hecho opera con participación del intelecto, y el intelecto actúa en cada caso dentro de los límites de la voluntad, fuera de los cuales no hay nada. (De vinculis in genere)

Alimento del alma es la verdad; esta puede en efecto transmutarse en la sustancia del alma como si fuese su alimento natural. Perfección y fin de tal alimento es la luz de la contemplación, por cuya virtud nuestro ánimo ante todo con los ojos de la inteligencia escruta el sol de la primera verdad, y sucesivamente las realidades que circundan al sol. La investigación razonada de los datos particulares es la primera aproximación al alimento, su colación en los sentidos externos e internos es otra forma de digestión, y perfecta la noción impresa en el intelecto es el grado más alto de la perfección que se da en la vida actual: a este objetivo -la madurez del alma y la culminación de su desarrollo- desean arrojarse todos aquellos que por naturaleza aspiran a conocer. (La lámpara de las treinta estatuas)

La realidades sensibles serán modeladas por los artificios de la fantasía y de la imaginación, y con figuras semejantes podremos incluso expresar las nociones más lejanas de los sentidos: traeremos de vuelta a la fama el modelo teórico comunmente atribuido a los antiguos filósofos y primeros teólogos, que mediante imágenes arquetípicas y similitudes de tal género intentaban no tanto velar los arcanos de la naturaleza, como ilustrarlos, explicarlos, distinguirlos en una serie ordenada y conservarlos más fácilmente en la memoria. (La lámpara de las treinta estatuas)

Las características de una estatua abierta a la investigación de los sentidos, de la vista y de la imaginación - al igual que cualquier otro atributo sensible asociado a ella- son facilísimos de recordar; además es leve el esfuerzo necesario para fijar en la memoria el recuerdo de las leyendas fabulosas; con técnicas afines, por tanto, podremos examinar y fijar en la memoria sin dificultades también los contenidos ocultos, las doctrinas y conceptos que consideran diversas disciplinas, y que pueden expresarse mediante las mismas figuras. (La lámpara de las treinta estatuas)

La naturaleza misma ha dispuesto que, según el ciclo de vicisitudes, se alternen no sólo tinieblas y luz, sino también modos diversos de filosofar. (La lámpara de las treinta estatuas)

Un ente finito- entregado a un deseo infinito- no admite proporción o unión con el deseo infinito... El deseo que tiene por objeto un fin sin fin, y que por consiguiente debe ser igualmente infinito, el apetito que sigue al vacío infinito y a la privación infinita no tiene como término un objeto cierto, definido y determinado, sino que aspira en medida semejante a un bien infinito e indeterminable... Si un deseo infinito tiene ante sí un objeto o un substrato finito, no podrá jamás saciarse; si no encontrara nada sería vano, pero si siempre encuentra un substrato finito y tal que no tenga nunca fin -de modo que por así decirlo pueda ser perennemente devorado-, entonces eso que se presenta no cesará nunca de desaparecer, y aquello que desaparece no cesará nunca de presentarse. Del mismo modo una inteligencia finita y una voluntad finita tienen por objeto un bien infinito; en efecto, si pudieran comprenderlo todo y saciarse, no sería más un bien.. Para ser siempre un bien, deberá ser perennemente deseable, no deberá nunca saciar. Y por tanto, no estará nunca ausente del todo; si no se comunicase en absoluto, no sería de hecho completamente bien; ni estará del todo presente; sería entonces finitamente bien y, por tanto, su bondad estaría determinad. (La lámpara de las treinta estatuas)

Mediante un deseo tan vigoroso y un bien tan grande -la madre Noche y el padre Luz han generado la inmensa obra del universo. en medida semejante. (La lámpara de las treinta estatuas)

Debemos comprender que la sombra -tomada ya en particular ya en general- es algo infinito. En su esencia absoluta y desnuda no hay en efecto forma alguna, como tampoco existe alguna cantidad determinada; y además en el momento en que recibe una forma determinada, recibe por consiguiente también una cantidad determinada; a la forma del hombre le sigue en la materia la cantidad propia del hombre, a la forma del gorrión la cantidad propia del gorrión. Ninguna forma inhiere a la esencia de la materia, y así ninguna cuantidad determinada; por esta razón, entonces, la juzgamos infinita.... En la sombra está encerrada la multiplicidad, y se entiende que la sombra sea el principio pasivo del cual brota la multiplicidad; no en virtud de la misma materia -que de por sí es única-, sino en virtud de un principio eficiente que modela la materia en diversos modos. (La lámpara de las treinta estatuas)

Para el Intelecto el pasado no es pasado y el futuro no es futuro, puesto que toda la eternidad está presente a sus ojos como totalidad única y perfectamente cumplida. Lo imaginamos como una esfera cuya superficie está totalmente cubierta de ojos porque, según palabras de Orfeo, en todas partes es ojo, en todas partes ve y en todas partes opera; porque cada ente es obra de inteligencia, y toda cosa que es, existe porque es entendida. (La lámpara de las treinta estatuas)

El Intelecto es como un sol encerrado en el centro y en medio de las pupilas... En todas parte, ya sea el intelecto agente ya sea espíritu dador de vida, producen, operan, irradian su luz del interior; se trata de un artífice que no obra sobre la superficie de la materia, sino en la intimidad de cada materia y de cada naturaleza. Se lo define naturaleza oculta; sin embargo se oculta en el resplandor de la luz... El intelecto primero resplandece de hecho en todas las cosas, sin por ello ser conmensurable con el fulgor de la realidad luminosa, y sin adecuarse a la fuerza de los ojos; siendo infinito, no tiene forma alguna, figura alguna, no tiene asiento ni trono. Dicen por tanto que iluminando ciega los ojos, y cegándolos los ilumina; su luz es recogida por quien reconoce la naturaleza invisible e incomprensible, no por quien presume haberla vista y comprendida. (La lámpara de las treinta estatuas)

Según nuestro modo de entender, la mente primera es padre de la luz, el intelecto primero es fuente de las ideas e idea de las ideas, las inteligencias son espejos, las formas que se manifiestan en la materia son vestigios de las ideas; las representaciones racionales que se producen en nuestro intelecto a partir de tales formas son sombras de las ideas. (La lámpara de las treinta estatuas)

Es posible reconocer en el intelecto una doble acción: una casi refleja, y una segunda casi directa. Cuando actúa de la primera manera es inmanente en sí mismo, cuando actúe de la segunda manera se transfiere en las cosas con movimiento progresivo. De modo semejante operan nuestro intelecto y nuestra alma, en los que podemos igualmente distinguir una acción inmanente y una transeunte. (La lámpara de las treinta estatuas)

El intelecto produce el espíritu; éste emana del intelecto como el fulgor emana de la luz. Y este fulgor colma de sí al universo, se difunde totalmente en todas las cosas y, así como el intelecto entiende todo en todo, así el espíritu ama y opera todo en todo. Lo definimos por tanto alma del mundo y espíritu de todas las cosas... Inicia, cumple y afina la propia obra, no según un movimiento local y como si procediera por fases sucesivas, sino según la naturaleza del propio ser presente por todas partes e íntimamente unido a las cosas, que pone a los entes en una sucesión ordenada según a la condición de éstos... Así este artista perfectísimo y eterno produce todo con una simple mirada, sin tener que aplicarse con diligencia. (La lámpara de las treinta estatuas)

El cuerpo está en el alma, el alma en el intelecto, el intelecto en la mente y no al revés.. Debes entonces pensar el ascenso y el descenso del espíritu según la imagen de una rueda, en la que vemos que ciertas partes se mueven hacia abajo para que otras partes a la vez se muevan hacia lo alto, mientras el centro indivisible y absoluto de la rueda está en calma... Tal es la naturaleza del alma, la que simultáneamente desciende a los entes inferiores para darles viva y asciende a los entes superiores para contemplarlos. Por la misma razón entendemos que el alma simultáneamente está como dispersa en la multitud y en la extensión de los entes con los que se comunica, y totalmente subsistente según un modo de ser más verdadero y casi como esencia indivisa dentro del principio del cual deriva. (La lámpara de las treinta estatuas)

El alma del mundo es vínculo de todas las cosas, y por eso la llamamos "gran demonio" y "Cupido doble". Por obra del intelecto las cosas obtienen efectivamente la propia forma y la propia configuración específica, mientras que el amor les da conexión, unión y orden, puesto que por su obra los contrarios se vuelven uno, los diversos individuos devienen una realidad unitaria, todas las cosas devienen una totalidad universal. Lo llamamos fuego ardiente, porque uno de los atributos de Cupido es el lazo o el vínculo con el cual une las cosas, y es el fuego o bien el ardor con el cual las empuja a unirse... Finalmente lo definimos y lo honramos con el título de "arte de las artes"; es en efecto la misma naturaleza formadora, o la sustancia misma de la naturaleza, y es por ello la primera de las artes, mediante la cual todos los artífices se apropian del principio que regula perfectamente las obras a cumplir, puesto que además coincide perfectamente con el principio mismo que regula correctamente las obras a cumplir. No es por ello accidente, sino sustancia, y ciertamente es en primer lugar sustancia de quien opera, mientras que ciertamente es en segundo lugar sustancia de las obras a cumplir. (La lámpara de las treinta estatuas)

"He luchado; es mucho... La Victoria yace en manos del destino; sea de mí lo que fuere, y quienquiera que sea vencedor, las eras futuras no negarán que no temí a la muerte ni fui segundo de nadie en cuanto a constancia, y preferí una muerte animosa a una vida cobarde" (De Monade)

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